miércoles, 5 de junio de 2013

Del empleado en cuanto ser unidimensional

En los convulsos tiempos —edulcorados para unos, insoportables y desesperantes para otros— con los que nos ha tocado bregar, tener un empleo y, con él, una fuente estable y periódica de remuneración se ha convertido en una suerte de maná, una lotería cada vez más azarosa que se brinda caprichosamente según criterios aparentemente inescrutables. Quien más, quien menos, y siempre con la salvedad de los aún intocables funcionarios de carrera, la mayoría de nosotros miramos al futuro con la inseguridad de ignorar si lo peor del chaparrón ya ha pasado. Tener un empleo al día de hoy parece el único escudo protector con el que capear el ciclo regresivo al que se enfrenta España actualmente, arrastrada por una economía de mercado cada vez más liberalizada donde el ladrillo ha terminado por ser el lastre que nos han colgado al cuello antes de arrojar nuestro cuerpo a las aguas de la desregulación salvaje. Sin embargo, la imperiosidad de la supervivencia al precio que sea ha acabado por construir un mantra invulnerable: por encima de todo, y según la suerte que nos ha tocado a cada cual, hemos de congratularnos de nuestro salario o, en el peor de los casos, aspirar a uno. Ahora más que nunca, nuestro sueño es trabajar. Al margen de que resulte del todo obvio que la actividad asalariada sea la principal, o al menos la más recurrente, fuente de recursos para la satisfacción de las necesidades elementales, no quiero dejar de pasar de pasar por alto la ocasión sin alertar del peligro que corremos actualmente, en mi opinión, quienes hemos acabado por reducir la naturaleza poliédrica de nuestras vidas, complejas y cargadas de afectos, aspiraciones e inquietudes, exclusivamente a un tiempo para la retención o la consecución de un trabajo. Convertir al ser humano en un asalariado, o en alguien para quien dicho perfil es su única aspiración, nos retrotrae al universo dickensiano donde la vida de los hombres se reducía a trabajar, dormir y sobrevivir. El sociólogo José Félix Tezanos, hace no mucho tiempo, publicó un estudio según el cual la mayor parte de la población activa ya no consideraba su actividad laboral como uno de los rasgos definitorios de su identidad. Por el contrario, otras variables, como las aficiones, por ejemplo, pasaban a ocupar puesto preferenciales a la hora de valorar nuestros perfiles. La tremenda movilidad laboral y la cada vez más frecuente desconexión entre trabajo y estudios o vocación, permitían, en parte, valorar los resultados del estudio. Sin embargo, e ignorando si el profesor Tezanos ha actualizado su encuesta en los últimos años (esta fue hecha antes de la crisis), da la impresión de que, de llevarse a cabo dicha investigación justo ahora, el ciudadano medio quizás retomaría la cuestión de lo laboral como elemento identitario, pero desde un prisma exclusivamente binario: trabajador versus desempleado. Y no hay más. La “narratividad del yo”, en palabras de Jerome Bruner, pasa por la construcción de un relato autobiográfico donde el sujeto se convierte en protagonista de una historia que tiene como McGuffin, como elemento que hace avanzar la trama, la relación de aquel con la actividad laboral. En los tiempos que corren la idea estigmatizante de estar sin empleo parece comenzar a deslizarse peligrosamente hacia el concepto judeocristiano de pecado. Aun en aquellos casos, cada vez más excepcionales, en los que las necesidades materiales puedan verse cubiertas y el individuo rellene su jornada con las suficientes actividades como para no tener que enfrentarse al descorazonador marasmo del aburrimiento, sobre la conciencia del sujeto en paro siempre sobrevuela un sentimiento de culpa cual dedo acusador. La sensación de fracaso e inferioridad acaba por minar la moral y destruirlo todo a su alrededor, al margen de que, en términos absolutos, no exista un respaldo ético que legitime la conveniencia moral de trabajar. Si David Graeber, en En deuda, una historia alternativa de la economía, se preguntaba por la naturaleza deontológica de los préstamos, llegando a la conclusión de que, en sentido estricto, nada obligaba a subsanar una deuda, aquí la pregunta es: al margen del dinero, ¿por qué trabajar? O digámoslo de otra manera: ¿por qué la posición del individuo respecto al sistema productivo se ha convertido en la piedra de toque de nuestra identidad? Precisemos un poco más. Aquí ya no se trata de adoptar mensajes populistas al modo del opúsculo de Bob Black La abolición del trabajo, con su seductora y rupturista idea de rebelerse frente a la subordinación que marcan las asimétricas relaciones empleado-patrón. Tampoco consiste en reírle las gracias al filósofo Slavoj Žižek cuando en el documental Marx reloaded se pregunta por la ironía que supone buscar un empleo: “por favor, esclavíceme de nuevo; más que nada en este mundo anhelo ser sometido a los caprichosos designios de un jefe”. No. No van por ahí los tiros. Una cosa es reconocer que, para la mayor parte de nosotros, la subsistencia pasa por vender nuestra fuerza de trabajo a un extraño, y asumir que, dada la coyuntura actual, la impotencia de millones de españoles en su búsqueda de un empleo está llevando a una creciente marginalidad de la ya extinta clase media, con situaciones cada vez más y más desesperadas, y otra muy distinta claudicar ante el legítimo derecho de todos nosotros a vernos como seres humanos que actúan, piensan y se relacionan. Ante la casposa pregunta del “¿estudias o trabajas?”, reconvertida en “¿sigues en paro?”, llega la hora de responder “¿por qué?” Y en este sentido la responsabilidad del movimiento sindical resulta clave. ¿No es acaso un oxímoron, un aserto contradictorio en su propia formulación, pedir “la emancipación de la clase obrera”? ¿Qué clase de broma semántica es esta? ¿Cómo se pretende conseguir dicha “independencia”? ¿Aumentando nuestros derechos laborales? Genial, pero, ¿deja el gato de ser felino por mejorar sus condiciones de vida félida? ¿No encubre acaso dicho lema un torticero afán de autoafirmación de las cúpulas sindicales desde el momento en el que el individuo queda reducido dentro del grupo a su simple condición de proletario? Owen Jones, el jovencito responsable del interesante ensayo Chavs: la demonización de la clase obrera, tras analizar la evolución de la consideración social hacia la clase trabajadora en Inglaterra, teniendo como punto de inflexión el thatcherismo y el desmantelamiento de las organizaciones mineras en los años setenta y ochenta, carga contra la connivencia de unas centrales sindicales que se han negado a abrir los ojos ante las nuevas relaciones laborales de un mundo globalizado donde la movilidad, el auge del sector servicios y del llamado “cognitariado”, el trabajo en casa o la temporalidad hacen del todo imposible el uso de elementos de presión forjados en las condiciones de trabajo del siglo diecinueve, donde predominaba la actividad manual, la permanencia continuada en la misma fábrica y el contacto social constante con el resto de los trabajadores. ¿Cómo es posible, se pregunta Jones, que uno de los colectivos más desfavorecidos actualmente, como es el de los teleoperadores, cuente con un porcentaje bajísimo de afiliaciones entre las organizaciones obreras? ¿Cómo se pueden seguir manejando protocolos decimonónicos para la preparación de una huelga cuando la actividad laboral cada día tiene contornos más difusos desde el punto de vista espacio-temporal? El maravilloso arte del ombliguismo sindical, irreflexivo y acrítico con frecuencia, parece estar actuando en contra de todos nosotros al reafirmarse en el uso de herramientas carentes ya de toda operatividad. En este sentido, convertirnos en individuos monolíticos definidos solo por nuestra ubicación (dentro o fuera, en realidad) en el sistema productivo no hace más que resaltar con luces de neón la naturaleza despiadada de los sistemas económicos postfeudales: o tienes un empleo o no existes, cara o cruz. No hace mucho coincidí en la calle con un amigo al que llevaba sin ver un tiempo. Los tópicos del momento nos llevaron a preguntarnos por nuestra situación laboral actual. “Estoy con unas prácticas no remuneradas”, me dijo. “Menos da una piedra, al menos no estoy en casa”. Nos despedimos al rato, dejándome con la agridulce sensación de que ostentar ante los demás una situación laboral rayana en la esclavitud lleva camino de convertirse en un elemento de distinción social. Tengo trabajo, alguien que me manda. Vuelvo a existir.

viernes, 12 de octubre de 2012

Por la libertad de expresión

De trabajadores a ciudadanos: Ante los cambios que está sufriendo RNE en los últimos tiempos, un grupo de trabajadores queremos deciros que esta no es la radio que queremos hacer. Ni queremos esta, ni queremos la de Aznar, ni queremos la de Felipe. Queremos la de los últimos años. Esa que, por fin, era fruto del consenso obligado entre los partidos. Esa en la que la ideología quedó al margen y pudimos trabajar con libertad y con criterios exclusivamente profesionales. Esa que, siendo mejorable, nos situaba por primera vez cerca de los medios internacionales más avanzados y serios. Esa que ha sido reconocida dentro y fuera de España, y por gente de todas las ideologías. Pero en un solo mes esa radio ha desaparecido. No sólo hemos vuelto a los tiempos de la manipulación y el sectarismo, sino que se añade algo mucho más grave: el hundimiento de la calidad. Y eso no tiene nada que ver con izquierdas o derechas. Desde nuestros sitios asistimos cada día atónitos, indignados y tristes a cómo se perpetra una radio que es de todo menos profesional. Una radio hueca en la que vuelve a primar el discurso oficial. Una radio en la que los temas incómodos para el gobierno desaparecen o son relegados, y los que son irrelevantes pero positivos para el ejecutivo, suben a los primeros puestos. Una radio en la que nos saltamos directos y ruedas de prensa fundamentales y, lejos de poner el grito en el cielo, nos damos palmadas en la espalda. Una radio de entrevistas pelotas y superficiales a la derecha y llenas de reproches a la izquierda. Una radio en la que los presentadores de los informativos (que, en su mayoría, no tienen experiencia en esa tarea) hacen editoriales y apostillan alegremente con opiniones, siempre del mismo lado. Una radio en la que hemos pasado de la exigencia y la seriedad, a la desorganización, el desconocimiento y la despreocupación. Pero no sólo ha cambiado la forma de hacer la radio, sino quiénes hacen la radio. Porque aunque seguimos siendo los mismos, la mayoría están cambiados de sitio. Volvemos a aquellos tiempos en los que cuando llega una nueva dirección arrasa con todo y no por razones profesionales como dicen. Porque ¿quién se cree que se cambien todos los editores y presentadores de los programas e informativos, los nombres de los espacios, las sintonías, o incluso los jefes técnicos e informáticos sólo por razones profesionales? ¿Todos los que estaban eran malos? ¿Todos los que están ahora son mejores? Entendemos que una dirección debe rodearse de gente de su confianza, pero llegar a hasta ese punto no se explica si no es porque quieres poner “a los tuyos” y volver a utilizar la radio como tu cortijo. Pues quienes piensan así deben saber que estamos hartos de que a los trabajadores se nos tenga por un ejército que está ahí para obedecer las instrucciones de unos o de otros aunque sean opuestas, ilógicas e injustas. Estamos agotados de que nuestras carreras profesionales fluctúen o ni existan por razones ajenas a nuestro trabajo. Por no aceptar órdenes políticas o porque otros las aceptan demasiado. Y lo que es peor, estamos tristes porque sabemos que no hay mayor mal para una radio que estar cambiando constantemente las voces, los programas y las formas. Porque así es imposible fidelizar oyentes. Y ahora que habíamos empezado a conseguirlo, volvemos a tirarlo por tierra. Pero hay otra prueba de que los cambios no están motivados por razones profesionales: la redacción ha dejado de “sonar”. La espontaneidad, los debates, la tensión informativa… Todo ha desaparecido para dar paso a un silencio motivado por el miedo a las represalias. Porque ya hemos visto cómo muchos compañeros –directivos o redactores de base- han sido retirados de sus puestos “naturales” sin justificación y con formas un tanto mafiosas. A lo que hay que añadir una bajada de sueldo que asumíamos por cómo están las cosas, pero que ha empezado a irritar cuando, por ejemplo, hemos visto que la mayoría de los nuevos directivos están remodelando sus despachos (obra incluida). ¿De verdad es necesario? ¿No les parece un gesto de desprecio hacia sus trabajadores? Y así van pasando los días y empiezan a normalizarse una mediocridad y una manipulación que, en absoluto, son normales. Ni debéis admitirlo los ciudadanos, que sois quienes pagáis esta RTVE, ni debemos admitirlo los trabajadores. Por eso, ante la falta de reacción de nuestro consejo de informativos, hemos decidido actuar. Para hacer saber a los ciudadanos que no compartimos esta radio y que sabemos que estamos siendo el hazmerreír. Para decirle a la nueva dirección que manipular hoy en día, con unas redes sociales que te desmienten al minuto, solo nos lleva a hacer el ridículo. Para decirle al gobierno que cuando se permite semejante bajón en la calidad la audiencia huye y la radio no sirve ni para manipular (aunque quizá ese sea el plan: servir en bandeja su cierre). Y para decirles a los compañeros que somos más, que no nos pueden castigar a todos y que nos estamos jugando el futuro. Como periodistas que defendemos la transparencia lamentamos tener que empezar de forma anónima, pero eso cambiará. Mientras tanto os dejamos una cuenta de twitter (@salvemosRNE) desde la que iremos denunciando todo lo que va pasando en RNE y desde la que, esperamos, vosotros también denunciéis. Porque estamos juntos en esto. Si una vez se consiguió una RNE de calidad, se podrá siempre. Fdo: El colectivo “Salvemos RNE”

sábado, 6 de octubre de 2012

Pero... ¿quién debe?

Recientemente he asistido a una de tantas concentraciones-eco que han tenido lugar por España en solidaridad con quienes acudieron al Congreso el 25-s (es de suponer que no me refiero ni a los políticos ni a las fuerzas de seguridad). Quienes encabezaban el acto que secundé portaban un pancarta que rezaba "No debemos. No pagamos. Abajo el régimen". No me dejó impasible el cartel, fundamentalmente por las serias dudas que albergaba sobre las dos primeras oraciones y por el interés socio-político que le encontré a la última de ellas... La pancarta, en cualquier caso, me trajo a la memoria el último libro de David Graeber "En deuda. Una historia alternativa de la economia." Recomiendo con entusiasmo su lectura, si bien no en especial para momentos de digestiones y modorras densas. El amplísimo repaso histórico y antropológico que Graeber lleva a cabo se basa en una afirmación básica: el trueque nunca ha existido como estadio previo a las situaciones de intercambio comercial explícito e inmediato. Parece una construcción de los economistas, una especie de aserto incuestionable del que no hay ninguna fundaentación empírica. El escritor nos lleva a una nueva lectura de la historia de la economía, donde el aumento del poder político avanzó en paralelo al desarrollo del sistema comercial, de la acuñación de moneda y de la creación de la deuda, sustentada esta sobre férreos sentimientos muy próximos a los de la culpa moral y el pecado religioso. Lectura muy recomendable, con infinitas implicaciones y que replantea el dogma liberal de que la economía ideal es aquella donde la presencia de los agentes públicos y del gobierno se vuelven prácticamente inexistentes. Es tanto como afirmar que para que las redes sociales adquieran aún mayor repercusión se hace imperativo desmantelar todo el material informático anivel mundial.

viernes, 21 de octubre de 2011

Normatividad versus cultura: la ortografía como encrucijada


Personalmente, no me resulta en modo alguno ajena la estampa del alumno que, suficientemente enculturado, en mayor o menor medida, a partir de determinados estadios del sistema educativo, responde de forma mecánica al profesor de turno cuando se ve interpelado por alguna cuestión de naturaleza ortográfica en la que en apariencia se busca sondear la espontánea reacción del adolescente abordado. Así, ante preguntas tan poco sospechosas de neutralidad como “¿y a ti qué te parece esto de la ortografía?; ¿la consideras necesaria, oportuna, inútil?”, el Manolito o Chusín de turno, ya adiestrado en las artes del cortejo académico, responde con fingida inocencia: “la ortografía es muy importante para que sepamos escribir bien y no seamos unos analfabetos toda nuestra vida”. El profesor asiente, los demás compañeros cuchichean, censurando la ramplona concesión de Vicentito, y la clase y la vida siguen sus cursos…
La ausencia casi absoluta de reflexividad en las cuestiones ortográficas y normativas ha llevado a adoptar actitudes extremas y maniqueas que simplifican y desvirtúan un fenómeno tan vivo como las células de mi organismo. En efecto, el lenguaje no consiste en un código cerrado sujeto tan solo al estudio de la arqueología filológica. De ser así, usaríamos el registro del marqués de Santillana para debatir acerca de la idoneidad o no de descargar un programa para la descompresión de archivos multimedia. En el otro extremo del continuum, la ortografía parece mostrarse como algo más que una hidra despiadada que cercena sin piedad la paciencia y el buen hacer de nuestros adolescentes.
¿Cómo dar con el justo medio? Difícil cuestión, cuando es constatable la existencia de múltiples sociedades ágrafas o de culturas, como la anglosajona, donde la vastedad en la difusión de sus modalidades lingüísticas no guarda ninguna correspondencia con la fortaleza institucional de algún organismo preocupado en exclusiva por velar por la incorruptibilidad del inglés. ¿Mandamos, pues, al demonio, bes, uves, haches y demás zarandajas? Ni tanto ni tan calvo, especialmente cuando usamos una lengua tan multicultural como el castellano, que se extiende por países y continentes con todo tipo de azarosas circunstancias sociales y educativas.
La ortografía cohesiona y proporciona nitidez y estandarización a los usos lingüísticos, pero la sacralización del lenguaje normativo nos lleva a escuchar aberraciones del tipo de “yo es que hablo muy mal” o “los que mejor usan el español son los de Valladolid, sin duda”. Si por “idioma” entendemos una determinada variedad lingüística, la tan llamada norma culta, usada de forma espontánea en contadas ocasiones y por limitados usuarios, y convertimos en una suerte de lengua franca el sistema comunicativo manejado por el noventa, o más, por ciento de la población que, intuitivamente, adscribimos sin embargo al mismo ámbito idiomático que quienes se supone que hablan “bien”, lo más probable es que acabemos en un callejón sin salida donde optemos, bien por considerar que el lenguaje correctamente utilizado es por definición artificial, bien por concluir, sencillamente, que a nueve de cada diez hablantes de español no se les entiende cuando intentan comunicarse.
El lenguaje es nada más, y nada menos, que una herramienta de comunicación, y la ortografía puede ayudar a facilitar unos patrones que contribuyan a ese propósito relacional, pero no hasta el punto de creer que existe un buen idioma y un mal idioma. Por encima de todo ello está el sentido común y la adecuación. Tan absurdo puede ser comenzar un solemne discurso con un “pienso de que” como dirigirse a un compañero de barra en la final de la Copa del rey anunciándole que “me congratulo de que las veleidades que tu ánimo manifiestan no se vean en modo alguno proyectadas sobre tu itinerante trayectoria en las inmediaciones de mi campo visual”. Intentaré recordarlo la próxima vez que felicite a Manolito en clase por su buen juicio a la hora de ponderar el valor de las normas gramaticales y ortográficas…

jueves, 18 de agosto de 2011

CARTA DE UN CIENTÍFICO A ALEJANDRO SANZ

Hola Alejandro,
Hace muchos días que ando dándole vueltas a la ley Sinde, a los derechos de autor, y leyendo tus desafortunados tweets. Ahora que tengo las tres cosas juntitas, déjame que te comente algunas cosas.
Soy científico, investigador del Centro Nacional de Biotecnología y actualmente "Visiting Assistant in Research"
en la Yale School of Medicine, en New Haven, Conneticcut.
Trabajo en el desarrollo de vacunas para el tercer mundo, centrando mis esfuerzos en la Leishmaniasis, una enfermedad olvidada que mata e incapacita en África, Asia y Sudamérica.
Sí, esos mismos sitios para los que, de vez en cuando, puedes montar una parranda benéfica.
Y aunque no lo sepas (y muchas personas no lo saben) es esa enfermedad que hace que miles de pobres niños tengan el vientre hinchado y mueran. La misma que hace que sus padres no puedan trabajar.
Entre nosotros, ese tipo de enfermedades que hace que el tercer mundo siga siendo tercer mundo.
Cuando consigo que mi trabajo funcione, tras muchísimas horas de laboratorio exponiéndome a múltiples
riesgos para mi salud, intento publicar mis resultados. ¿Sabes lo que pasa cuando lo hago?
Que la revista se queda con todos mis derechos de autor. CON TODOS. Si quiero, no sé, poner una figura de mi trabajo en algún otro formato, tengo que pedir permiso. Por mi figura. Por mi trabajo.
Y te hablo de figuras en blanco y negro. En color no podemos pagarlas.
¿Sabes por qué? Porque PAGO POR PUBLICAR. Sí, en serio, lo hacemos.
Mi laboratorio tiene que pagar para poder difundir los avances científicos que puedan curar a esos niños o a sus padres en el futuro.
PAGO POR PUBLICAR y tengo que pedir permiso por mi figura, por mi trabajo.
Ahora podrías meter en 140 caracteres que luchar por mis derechos no me impide que tú lo hagas por los tuyos; yo seguiría leyendo.
Desde que el hombre es hombre, desde que el ser humano es humano, ha demostrado que necesita expresar sus sentimientos.
Y de ahí surgió el arte. También, al mismo tiempo, surgieron las preguntas de qué hacía aquí. Los famosos "de dónde vengo, quién soy y a dónde voy".
Y es que las dos cosas, ciencia y arte, son humanas, pero no por ello profesiones.
Mira, no sé, 100 o 200 años atrás. El arte lo hacía el que podía permitírselo.
Y la ciencia también. Hasta Darwin descubrió el origen de las especies en un tour por el mundo, en el que vio que los pinzones de unas islas tenían los picos más grandes que otros. La gran revolución científica vino de un viaje de alguien que pudo permitírselo.
Ahora, industria mediante, los artistas cobran por entretener y los científicos cobran por descubrir cosas.
Una maravilla para los que no somos de familias ricas y queremos hacer ciencia o arte.
Yo me he quejado y mucho de mi falta de derechos. De intentar defender lo que ahora, para mí, es más que un reconocido trabajo. Y también creo cosas.
La diferencia es que yo con un salario tengo bastante. Y lucho por un salario digno.
QUE ME PAGUEN POR MI TRABAJO. No creo que tenga sentido que me paguen tiempo después por mis logros.
Te recuerdo que lo que yo quiero es una vacuna para el tercer mundo.
Y pagar mis facturas. No quiero ningún rendimiento extra que no me merezco.
No quiero derechos de autor, quiero que mis avances sigan derechos a conseguir su objetivo.
Entiendo que quieras que te paguen por tu trabajo. Y deberías (que lo haces) negociar lo que te paga una discográfica por grabar un nuevo disco. O que defiendas tu caché en los escenarios.
Pero cobrar también impuestos sobre los CD´s , discos duros, lo-que-sea que la S.G.A.E quiera inventar para sangrar al ciudadano medio, perdóname muy mucho, pero yo, lo veo excesivo.
Intentar lanzar una ley que te permita cobrar más de lo que te toca porque la industria que a ti te trata bien se está muriendo, lo siento, pero no.
Limitar las libertades individuales para maximizar vuestro beneficio no es justo.
¿Sabes por qué tengo un blog de divulgación científica? Para que el mundo vea que la ciencia es importante.
Para que posiblemente en el futuro sea una profesión digna. Yo no busco hacerme rico. Yo no quiero recortar libertades.
Yo lucho por cambiar la industria que hace que mi actual profesión me obligue a tener otra con la que, juntas, poder pagar las facturas.
Y por favor, no vuelvas a comparar los derechos a recibir medicamentos de los niños pobres con el derecho a declarar culpable de piratería a diestro y siniestro. Que ya lleváis demasiado tiempo cobrando por ello.
Renovaros o morid. Pero no hables de los que de verdad mueren aunque de vez en cuando reciban tu calderilla.
Atentamente,

Lucas Sánchez.

sábado, 21 de mayo de 2011

Democracia real: yo también soy Túnez


Sin comentarios:

¿Quiénes somos?

Somos personas que hemos venido libre y voluntariamente, que después de la manifestación decidimos reunirnos para seguir reivindicando la dignidad y la conciencia política y social.

No representamos a ningún partido ni asociación.

Nos une una vocación de cambio.

Estamos aquí por dignidad y por solidaridad con los que no pueden estar aquí.

¿Por qué estamos aquí?

Estamos aquí porque queremos una sociedad nueva que dé prioridad a la vida por encima de los intereses económicos y políticos. Abogamos por un cambio en la sociedad y en la conciencia social.

Demostrar que la sociedad no se ha dormido y que seguiremos luchando por lo que nos merecemos mediante la vía pacífica.

Apoyamos a los compañer@s que detuvieron tras la manifestación, y pedimos su puesta en libertad sin cargos.

Lo queremos todo, lo queremos ahora, si estás de acuerdo con nosotros: ¡ÚNETE!

“Es mejor arriesgar y perder que perder por no haber arriesgado”

Manifiestu (asturianu)


Somos persones normales y corrientes. Somos xente como tú: xente que llevanta pela mañana pa estudiar, pa trabayar o pa buscar trabayu; xente que tien familia y amigos; xente que trabaya duro tolos díes pa vivir y ufrir un futuru meyor a los que nos arrodien.

Unos considerámonos más progresistes, otros más conservardores. Unos creyentes, otros non. Unos tenemos ideoloxíes bien definíes, otros considerámonos apolíticos… Pero tamos toos preocupaos ya indignaos pol panorama políticu, económicu y social que vemos na nuestra rodiada. Pola gafura de los políticos, empresarios, banqueros… y frente a l’indefensión del ciudadanu de a pie.

Esta situación fráyanos a toos día tres día, pero si nos xuncimos, podemos camudala. Ye hora de ponese a andar, ye tiempu de construyir ente toos y toes una sociedá meyor.

Por ello, sofitamos con firmeza lo siguiente:

* Les prioridaes de toda sociedá avanzada han ser la igualdá, la solidaridá, el llibre accesu a la cultura, el desenrollu y progresu ecolóxicamente sostinibles, el bienestar y la felicidá de les persones.
* Estes prioridaes tradúcense en derechos universales básicos, que en teoría deberíen tar cubiertos: derechu a la vivienda, al trabayu, a la salú, a la educación, a la cultura, al llibre desendolque personal, a la participación política, y en resumíes cuntes, el derechu a disponer de lo necesario pa una vida sana y feliz.
* Sin embargo, l’actual funcionamientu del sistema económicu y gubernamental nel que malvivimos nun atiende a estes prioridaes, que de fechu vense cada vez más arrequexaes y amenazaes.
* La democracia parte del pueblu, y pal pueblu debería gobernar. Les funciones d’aquellos que dicen representanos, habríen ser les de llevar la nuestra voz a les instituciones, facilitando la participación ciudadana por carriles direutos y procurando el mayor beneficiu pal gruesu de la sociedá. Pero nesti país, la mayor parte de la clase política nin siquier nos escucha, y gobiernen mirando namás pol interés de los grandes poderes económicos.
* Nel caducu y antinatural modelu socio-económicu vixente, l’avaricia y l’amasamientu de poder y dineru por parte d’unos pocos, son valores que primen mui perriba del bienestar común. Paez que too val pa contentar a los mercaos: rescatar a los bancos, abaratar el despidu, recortar prestaciones sociales, privilexar fiscalmente a los que más tienen, sostener guerres, arramplar col planeta…
* Inxusticia, desempléu y esclusión social, son les consecuencies directes del xuegu de los poderosos. Pero mantienen a raya el descontentu alimentando l’egoísmu y la ilusión insaciable del consumu. Individualizándonos, cegándonos con quimeres, torguen la maquinaria social, y asina l’espiral se reproduz a sí mesma, fundiendo cada vez más na miseria a los más desfavorecíos.
* Como cómplice y principal salvaguarda d’estos atropellos, ta la lacra del bipartidismu PPSOE, calteniendo de mutua conformidá, sólidos ya inamovibles los pegollos de la desigualdá.
* Pero nel noyu d’esti mercáu tamos nós, los ciudadanos, que bien tando manipulaos, bien siendo conscientes, somos los que al final tiren del carru, permitiendo a esa minoría ensin escrúpulos medrar a costa de les nuestres penuries. Sedremos anónimos, paeceremos insignificantes, pero cuidao: ensin nós, nada d’esto esistiría. Ellos nun esistiríen.
* Hai qu’esconsoñar entós, porque ta nes nuestres manes el poder tirar na bona direición. Si como sociedá deprendemos a nun fiar el nuestru futuru a una abstracta rentabilidá económica que nunca torna en beneficiu de la mayoría, sedremos a eliminar los abusos y carencies que toos y toes sufrimos.
* Ye necesaria una Revolución Ética. Punximos el dineru perriba del Ser Humanu, pero hemos retornalo al nuestru serviciu. Somos persones, non produtos del mercáu, Nun soi sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién-y lo compro.

Y un enlace:

http://democraciarealyaasturies.blogspot.com/

Discurso de Agustín García Calvo en Madrid, en una de las asambleas:

Sois la alegría, es la alegría de lo inesperado, de lo no previsto, ni por parte de las autoridades y gobiernos, ni por parte de los partidos de cualquier color, verdaderamente imprevisto: vosotros los mismos o casi todos, hace unos pocos meses o semanas, tampoco lo preveíais que pudiera surgir. Aunque esto es así, la alegría es lo inesperado y no hay otra alegría, no hay futuro, como repetiré ahora, sin embargo voy a decir algo que parece contradictorio, que es que yo estaba esperando esto desde hace cuarenta y tantos años, cuarentayseis. [vivas y aplausos]

Os cuento un poco cómo: por los años sesenta, como habéis oído los más jóvenes, empezó a levantarse por el mundo una oleada principalmente de estudiantes en las universidades, cámpuses y sitios así de Tokio, California… el sesentaycinco, en febrero, esa oleada llegó a Madrid; yo me dejé arrastrar por ella con mucha alegría, me costara lo que me costara; como sabéis la ola después siguió en Alemania con Rudi Dutschke el Rojo y después finalmente en Francia, con el famoso mayo francés, donde fue más o menos terminando la ola. Os voy a decir cómo entiendo yo que aquello del año 65 se relaciona con esto. Tal vez alguno de los más viejos o no tan viejos os lo podrán decir que aquí seguramente incluso los padres de los más viejos de vosotros eran en aquel entonces estudiantes en la ciudad universitaria de Madrid, corriendo conmigo delante de los guardias, que entonces se llamaban los grises... pero por mi parte os lo voy a decir: es que en aquellos años en el mundo avanzado o “primero” se estaba estableciendo un régimen, un régimen del poder, que es justamente éste mismo que ahora estáis padeciendo conmigo… Me callo un poco mientras... [mucho jaleo. Una voz: “No te calles, sigue!”] …se estaba estableciendo este régimen, que es el que hoy estáis padeciendo conmigo, y que es, para decirlo brevemente, el régimen, la forma de poder en que el Estado, la gobernación, la administración estatal está del todo confundida con el capital, con las finanzas, con la inversión financiera: enteramente confundida. [aplausos, gritos] Por tanto se puede decir que es el Régimen del Dinero, simplificando, y por tanto yo creo que muchos de vosotros por lo bajo estáis sospechando que es contra eso principalmente contra lo que os levantáis, contra lo que sentís ganas de gritar, de decir lo único que el pueblo sabe, que es decir ¡NO! [aplausos largos. Voces: “ahí está”]

Por tanto, aquello que me arrebató a mis treintaynueve años, hace cuarenta y seis, es lo mismo que ahora llega a su culminación, a su casi vejez: el régimen del estado-capital, el régimen del dinero, efectivamente da señas él mismo de estar cansado, con cosas como los cuentos de la larguísima crisis y cualesquiera otros que os lleguen, y con las cifras y estadísticas con las que cada día tratan de entreteneros para que no sintáis, no os deis cuenta de lo que está pasando por detrás de las cifras y de los nombres que gobiernos o partidos sacan para eso, para teneros entretenidos precisamente. De manera que es bastante lógico que me encuentre entre vosotros en este momento de, más que madurez, envejecimiento del régimen, como me encontraba en sus comienzos. Para mí el levantamiento de los estudiantes por el mundo en el 65 obedecía a que se daban cuenta de lo que nos venía encima; ahora vosotros habéis tenido mucha más cantidad de sufrimiento directo de lo que el régimen es, aunque lo llaméis con diferentes nombres a este sufrimiento, y por tanto es, al mismo tiempo que inesperado, lógico que os estéis levantando y voceando contra ello.

Yo puedo contaros más, pero tampoco querría, por ponerme aquí a colaborar a mi manera con este levantamiento, como quiera que lo llaméis, no querría parecer que vengo a dar consejo, pero, a pesar de que no quiero parecer tal cosa, os voy a adelantar un par de ocurrencias que me vienen, ocurrencias negativas sobre todo. Lo primero es no contar para nada con el Estado sea cual sea: ninguna forma de organización estatal. [aplausos y revuelo] Es un error que por lo que veo muchos de vosotros percibís sin que haga mucha falta decíroslo. Por tanto, y a consecuencia y a continuación, tampoco se puede utilizar para nada la Democracia, ni el nombre de ‘democracia’. Lo siento, esto ya veo que no despierta tan inmediatos aplausos, pero sin embargo tengo que insistir en ello. Ya comprendo que lo de elegir lemas como “Democracia real ya” puede ser, por parte de quien lo inventara, una táctica, una táctica para no dar demasiado la cara, porque parecería que decir de frente y de inmediato “¡No a cualquier Estado, democrático o no!”, podría sonar mal y esta timidez o modestia puede esplicarlo, pero yo creo que es hora de irse desprendiendo de este engaño. La Democracia es un trampantojo, es un engaño para lo que nos queda de pueblo vivo y de gente; lo era ya desde que se inventó entre los antiguos griegos en Atenas y otros sitios. Es un trampantojo que está fundado sobre todo en esta confusión que el nombre mismo denuncia: demo y kratos. Kratos es poder y Demo se supone que es pueblo, y, sea lo que sea de los avatares de cualquier historia, nunca el pueblo puede tener el poder: el poder está contra el pueblo. [bravos] Esto es una cosa demasiado clara, pero hay que entenderla. [aplausos y vivas] De manera que supongo que esta contradicción que está ínsita en el propio nombre de la democracia os anima mucho más a entenderlo de veras. El régimen democrático es simplemente el más avanzado, el más perfecto, el que ha dado mejores resultados, el que ha llegado a producir el Régimen del Bienestar en el que nos dicen que vivimos; es simplemente eso, pero al mismo tiempo no deja de ser el Poder, el de siempre. Por el contrario, cuanto más perfecto, cuanto más avanzado, está más avanzado en sus trucos para engañar y por tanto en el manejo de la mentira, que es esencial para cualquier Poder. Esto espero que lo entendáis también bien: sin mentira no se sostiene ninguna forma de Poder. La mentira es el hacer creer, la fe, y ése es el cimiento, el fundamento para cualquier estado. De manera que, si alguno de vosotros tiene la ilusión de acceder a una democracia mejor, pues le pediría que se fuera desengañando de ese camino. No es por ahí, no es por ahí, y si vuestro levantamiento llegara a alcanzar un carácter organizado, en definitiva semejante al de la propia administración del Estado, estaría ya con ello mismo perdido, no estaría haciendo más que repetir otra vez la misma historia con otros colores y perfeccionada justamente porque ha asimilado el levantamiento, porque ha asimilado la protesta, que es la manera en que a través de revoluciones siempre fracasadas los estados han venido avanzando; es lo que justamente les hace falta, porque para seguir siendo el mismo como lo es, el Dinero no puede menos de cambiar, cambiar para seguir igual: éste es el gran truco que tenéis encima. Cuando os sugiero o os pido la renuncia a ideas de otro estado mejor, de otro poder mejor y os recuerdo que… [jaleo grande en la plaza]

…ya voy a terminar para que os entretengáis con otras cosas a lo mejor más divertidas que yo. Cuando estoy atreviéndome a recomendaros el desengaño de cualquier forma de poder, y por tanto estoy borrando de la lista algunas de las reivindicaciones que vuestros dirigentes han establecido y divulgado, al mismo tiempo os estoy desengañando de otra cosa, que es el Futuro, el Futuro: éste es el enemigo. Comprendéis bien que al rechazar vuestro levantamiento como intención de encontrar otro régimen mejor, estoy desengañándoos de el futuro [“¿qué propones?”]. El futuro es eso con que os engañan, a los viejos también, pero sobre todo a los más jóvenes, cada día: os dicen “tenéis mucho futuro” o “tenéis que haceros un futuro”, “cada uno tiene que hacerse su futuro” y eso es justamente, aunque no lo digan, una resignación a la muerte, a la muerte futura. El futuro es eso; por tanto el futuro es el que necesita el Capital; el dinero no es más que crédito, es decir, futuro, fe en el futuro; si no pudiera echar cuentas, ni habría Banca ni habría presupuestos estatales. El futuro es de ellos, es su arma. Por tanto nunca dejéis que os suene como algo bendito o beneficioso: debe sonaros justamente a muerte, que es lo que es el futuro. Lo que estemos haciendo aquí, lo que estéis haciendo aquí, ello dirá lo que da de sí, pero no tenemos futuro; no tenemos futuro porque eso es propio de las Empresas, de las finanzas y del Capital. ¡No tenéis futuro!: esto es lo que hace falta ser valientes para denunciar.

Os voy a dejar ya, no voy a hacer más sugerencias por ahora. Una cosa mucho más práctica y de momento: desearía por supuesto que después de las famosas elecciones de… del 22, que estorban mucho, (ya lo habréis visto cómo no sólo los Medios os enredan junto con la cuestión de las elecciones, que no tienen nada que hacer, sino que muchos de vosotros perdéis una gran parte de vuestro tiempo pensando cuál es lo que hay que hacer respecto a votar o no votar y votar por acá o votar por allá), es un estorbo formidable… de manera que mi deseo sería que, cuando pase ese coñazo, esa estupidez de las votaciones, sigáis vivos, sigáis vivos y más o menos juntos los unos con los otros. [aplausos] Y en ese caso me atrevería a sugeriros una táctica de momento (seguir haciendo las asambleas aquí es probablemente un error que no puede sostenerse mucho): desde luego en esto, en una rebelión como ésta, como ya creo que todos sabéis, no puede haber otro Órgano ni decisivo ni representativo más que las asambleas. Y os lo voy a decir enseguida por qué [aplausos]: no puede haberlo porque las asambleas como ésta misma tienen esta gran ventaja: que no se sabe cuántos son, están entrando y saliendo, y nunca se pueden contar, y por tanto nunca pueden votar, como hacen los demócratas, porque no se sabe ni cuántos son ni cabe estadística ni cabe cómputo ninguno. Esto es lo que a una gran asamblea la acerca a ser eso de pueblo, que no existe pero que lo hay, y que es lo que queda por debajo de las personas, que ésas, sí, se cuentan en número de almas y en número de votos, pero lo que queda por debajo, no. Así que no renunciar nunca a las asambleas. Tal vez una dispersión.

Ahora me dirijo un poco a la parte de vosotros que son estudiantes más o menos y que me tocan más de cerca: una de las tareas más inmediatas sería ocupar las escuelas y facultades, con caramés incluído [aplausos]. Y termino diciéndoos por qué: porque hace mucho tiempo bajo el Régimen del Bienestar, bajo este régimen que padecemos, los centros de enseñanza, las Universidades, han quedado reducidas a una sola condición real, que es la examinación: examinar, todo lo demás son cuentos [aplausos]. Tienen que examinar para producir por ese camino futuros funcionarios tanto del Capital como del Estado o de la Universidad misma, que es también una parte de esos implementos del Estado. [Interrupción por cánticos en la plaza: “oé oé oé/ lo llaman democracia y no lo es”].

Por tanto y para dejaros, mi sugerencia va en este sentido: ocupación de los centros, hacerlos reconocer que no están ahí ni para enseñar ni para investigar ni para nada, que están ahí para examinar, examinaros y producir así futuros funcionarios, están creando vuestro futuro, en eso no nos engañan, y por tanto la acción más inmediata ¿cuál puede ser?: pues naturalmente la destrucción, el boicoteo de los exámenes en curso; por ejemplo, los que ahora acaban de empezar en mayo mismo. Es algo de corazón [aplausos]. Con esto que a lo mejor lo primero os puede parecer un poco descabellado, pero que, si os dejáis pensarlo, a lo mejor no tanto, recordando que la sumisión a los exámenes es simplemente sumisión al futuro, que nosotros no tenemos futuro, y recordando que los centros en los que estáis metidos están destinados solamente a eso, a la fabricación de futuro y números de funcionarios, tal vez no os parezca tan insensata la propuesta. Pero os parezca o no, con esto ya me despido, volviendo a repetiros la alegría que esto tan inesperado me ha traído y que al mismo tiempo estaba esperando desde el año ’65. ¡Salud! [¡GRACIAS!

viernes, 24 de septiembre de 2010

Buda monta en Harley


La lectura de Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, de Robert M. Pirsig, sume a uno, cuando este ha logrado hacer acopio de la suficiente cantidad de neuronas como para entender los pasajes más enjundiosos de la obra, en una desazón filosófica y vital de la que tarda mucho en despegarse. El libro, encubierta pero auténtica biografía del autor, simultanea dos planos narrativos de muy difícil conjunción, lo que hace de la obra un auténtico monumento al "no-género". Por un lado, Pirsig, a través de un alter ego, narra las peripecias vitales de un joven que atraviesa profundas crisis existenciales. Tras un entusiasta inicio académico desde los cánones del pensamiento científico, el protagonista va viendo cómo se derrumban, por los resquicios y endebleces que muestran las bases de este, todos los pilares de la racionalidad, al no aguantar con robustez verdaderas pruebas de fuego. Sumido en un profundo nihilismo, el joven indaga en el pensamiento oriental como válvula de escape, sin lograr, no obstante, consolidar referentes epistemológicos indestructibles. Desde esta desazón, opta por asumir la grisura de la cotidianidad, a partir de la que emerge la segunda de las dimensiones referenciales, esto es, los viajes que el protagonista, ya en la edad adulta, lleva a cabo con su hijo en moto, proyectando sobre esta, y sobre todo lo concerniente a su mecánica, los destellos más aprovechables del pensamiento zen, alcanzando así Pirsig una suerte de ataraxia desde la que rehúye toda pretenciosidad por alcanzar un férreo conocimiento de la realidad.
El libro es apabullante. La erudición sobre filosofía de la ciencia y sociología del conocimiento le deja a uno exhausto, y solo los fugaces balones de oxígeno que proporcionan los pasajes acerca del viaje del autor en motocicleta logran que recuperemos el aliento. Pero la obra, no obstante, no nos deja intactos, y el fiel retrato de quien, desde los abismos de la locura, reconoció la gran mentira de eso que, con pomposidad, damos en llamar conocimiento, nos sumerge en un amargo marasmo que brota, no obstante, de la dolorosa complicidad. Toda una joya.

martes, 31 de agosto de 2010

En defensa de la clase intelectual


No resulta revelador afirmar que existe cierta tendencia dentro de algunas corrientes del pensamiento libertario en función de la cual todo lo que huele a intelectual genera un rápido repudio, amparándose en la intuición, más o menos confirmada, de que todo individuo que blande el conocimiento o el acervo cultural como mecanismo configurador de la personalidad busca tan solo detentar otro elemento de poder más, a través de una oligarquía de neochamanes, de sumos sacerdotes, que intentan controlar a sus semejantes mostrando, solo a medias, esa magia negra a la que se envuelve en una falsa aureola de transparencia e inocencia mediante el uso del término “saber”.
Personalmente, con frecuencia tengo la impresión de que este asunto, hasta donde alcanzo a conocer, no ha sido tratado con el suficiente rigor y la necesaria honestidad, recurriendo con frecuencia a esa cómoda argucia demagógica que surge cada vez que mencionamos el valor que, a modo de herramienta disfrazada, tiene una estrategia para volvernos más manipulables y vulnerables ante semejantes con menos escrúpulos y más ambición que nosotros.
En realidad, y si he de ser sincero, ignoro lo que significa ser “anti-intelectual”, el “anti-intelectualismo” o las corrientes “anti-intelectualistas”. Si, tal y como defienden los planteamientos más radicales de los abanderados por John Zerzan, para recuperar nuestra libertad y para alcanzar la felicidad hemos de renunciar a toda suerte de prácticas simbólicas, ser anti-intelectual debe de ser algo así como ser “pro-paramecio”. Cuando antropólogos como Talcott Parsons plantean que la cultura, lo cultural, es, sencillamente, un “discurso simbólico colectivo”, renunciar a la cultura —o lo que es lo mismo, renunciar a lo simbólico— supone pretender sumirnos en el averno de la bestialidad, negar nuestra condición de humanos.
En cierto modo, pienso que la corriente anti-intelectual se basa en una serie de premisas no suficientemente contrastadas, y que convendría matizar, si bien este espacio tan solo permitirá apuntarlo sucintamente:
1) Existe una clara dicotomía entre mente y cuerpo, y por tanto entre auténtico trabajador manual y falso trabajador intelectual. Autores como Eugenia Ramírez han señalado precisamente lo erróneo de este planteamiento, el cual presenta las mismas bases que la filosofía cristiana y el pensamiento cartesiano, que condenan lo físico y enaltecen lo mental presuponiendo una evidente y constatable frontera entre ambos. De ser así, no tendría sentido admitir el síndrome del “miembro fantasma” en individuos que han sufrido amputaciones traumáticas ni reconocer la influencia de los distintos estados mentales en el sistema nervioso, inmunológico, etc.
2) Hay una identidad real entre intelectual y empresario. Como consecuencia del supuesto límite entre los dos ámbitos mencionados en el apartado anterior, la imagen del trabajador intelectual casi resulta paradójica, un sinsentido, si no fuese por la labor de proyectos como Transform que, a través de la revista Transversal, han venido denunciando la situación del denominado “cognitariado”, esto es, los trabajadores del ámbito artístico, intelectual y cultural que, desde la precariedad laboral, sufren la misma problemática que cualquier otro colectivo de trabajadores en clara situación asimétrica dentro del sistema productivo, respecto al cuerpo empresarial.
3) Los intelectuales pertenecen a la burguesía, manifestando una clara ideología neoliberal y capitalista. Desde los colectivos que defienden la implantación del llamado “software libre” hasta quienes utilizan licencias de propiedad intelectual no privativas en cualquier ámbito cultural existe una denuncia más o menos explícita de lo que se ha venido dando en llamar “capitalismo cognitivo”, esto es, la tendencia actual y creciente a la privatización más y más restringida de la producción intelectual y artística (libros, películas, música, etc.), con el consiguiente empobrecimiento que dicho encorsetamiento genera en la transmisión de conocimiento.
4) El intelectual no es un trabajador. Aquí se da una manifiesta confusión, desde la noción de la “clase ociosa” de Thorstein Veblen, fruto del contacto con la idea de “entretenimiento”. En efecto, no es lícito establecer una relación de identidad entre quienes se apropian del ocio y el entretenimiento, mediante su consumo exacerbado, y los que contribuyen al desarrollo de ámbitos no directamente productivos, tal y como suele suceder con el terreno de la cultura.
5) Conocimiento, poder y control son lo mismo. De nuevo, una peligrosa confusión terminológica. Una cosa es entender, en ocasiones muy puntuales, el saber en cuanto adquisición de herramientas retóricas y argumentativas para guiar aviesamente la voluntad de quienes no son capaces de entrever las intenciones dominadoras del orador de turno y otra muy distinta concluir de ello que el conocimiento y la cultura, en todas sus formas y variantes profesionalizadas, solo sirven para someter a la población. Como bien sabemos, suele haber una relación más que confirmada entre calidad y extensión del sistema educativo, nivel de vida, derechos de los ciudadanos y desarrollo del país.
6) No existe ninguna diferencia entre el colectivo de docentes y el sistema educativo. De ser así, de esta idea tendríamos que inferir que no se encuentra disonancia alguna entre el objetivo —desgraciadamente, y siendo sinceros, perseguido por muchos, aunque no por todos los profesores— de intentar desarrollar el pensamiento libre de ciudadanos aún jóvenes, buscando que estos se familiaricen con el mundo que les rodea, y el componente proselitista y axiológico que todo sistema educativo más o menos institucionalizado comporta.
7) El trabajador no necesita de la cultura ni de las artes para su emancipación. Una afirmación que, de nuevo, me causa perplejidad, a no ser que verdaderamente consideremos como aspectos constitutivos de la clase proletaria el conformismo, la ignorancia, la ausencia de inquietud y curiosidad o la insensibilidad más ramplona. No creo ser el único al que le resulte desconcertante la idea de que alguien pueda rebelarse contra una situación dada, proponiendo soluciones y estrategias de actuación, desde el desconocimiento. Me cuesta creer que, en términos absolutos, aprender esclavice e ignorar libere.
¿Dónde acaba el trabajador y empieza el intelectual? ¿Acaso un fontanero no necesita de su lóbulo frontal para llevar a cabo una reparación? ¿Es que un escritor puede prescindir de todo el aparato motor para elaborar un ensayo? La disociación entre cuerpo y mente, no suficientemente confirmada —como hemos apuntado en las líneas anteriores—, no hace más que establecer categorías artificiales, a partir de las cuales los demagogos pueden servirse de la retórica más trillada para intentar emancipar a la clase trabajadoras... de sí misma. La cultura, el acervo de conocimiento que surge de la sociabilidad, es consustancial al ser humano. Los “niños-lobo” no se sirven del universo simbólico, pero tampoco son capaces de denunciar las hipotéticas opresiones del ambiente en el que se desarrollan. Existe una importante barrera, no siempre destacada, entre la figura del intelectual en cuanto individuo que contribuye, de una u otra forma, al enriquecimiento de sus semejantes, y el rol de los eruditos como caudillos que, a través del tristemente célebre despotismo ilustrado, creen poseer la verdad absoluta para lograr la felicidad de la especie humana. De igual modo, la situación del intelectual dentro del sistema productivo es inseparable de la de cualquier otro trabajador, en la medida en que es su actividad, y no su dinero, la que genera bienes de uno u otro tipo.
En conclusión, temo que haya que estar alerta ante visiones apocalípticas que, en gran medida, solo generan división y desconfianza, demonizando a un colectivo que, salvo perversas excepciones, se ha visto tan perjudicado como cualquier otro grupo de trabajadores a raíz de las revoluciones liberales de los últimos siglos. En este sentido, el pírrico porcentaje de beneficios que se otorga a la autoría de una obra aleja a la propiedad intelectual de su verdadero hacedor, en una situación de alienación muy cercana a la experimentada por quienes tradicionalmente se considera que constituyen el proletariado. No nos dejemos engañar: el sistema perjudica a todo trabajador externo a la oligarquía de mando, independientemente de si empuña la pluma o el martillo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Yo acuso...


Hace unos días estuve de vacaciones por Berlín. Al margen de las clásicas paradas japonesas (Puerta de Branderburgo, Reichstag...) tenía tres enclaves muy grabados en la cabeza: el barrio turco de Kreuzberg, la East Side Gallery y... Tacheles.
Resumiendo, podríamos decir que Tacheles quizás sea la casa okupa más famosa del mundo. En precaria situación de supervivencia, Tacheles ofrece dos ambientes muy distintos: una explanada al aire libre, donde las obras artísticas de distintos creadores se yuxtaponen en una suerte de pseudo-calle, y el edificio propiamente dicho, con una ornamentación graffitera (digna representante del horror vacui más urbano que podamos concebir) y un olor a orines en el primer piso que en absoluto servía de acicate para el ascenso por el bloque. En cualquier caso, prudencia y temor me llevaron a dejar la excursión en el segundo piso, descubriendo posteriormente (vía internet) que en la planta cuarta se mantiene una galería de arte con muy dignas muestras.
Sobre decir que en ningún momento tuve que sortear detectores de metales ni majestuosos teutones con uniforme y cara de pocos amigos. De igual modo, mi poder adquisitivo tampoco influyó en modo alguno en mi acceso al local. Tan solo una urna metálica aconsejaba un solidario donativo en medio de la explanada interior, al objeto de propiciar la supervivencia del local (por cierto, actualmente con serias amenazas de desaparición).
Berlín apuesta por el civismo. En los medios de transporte público no existen torniquetes de ningún tipo para garantizar la contribución económica del ciudadano al sostenimiento de la locomoción no-privada. Se da por supuesto que el alemán de a pie se paga su billete y lo valida en las máquinas dispuestas en las distintas estaciones. Se habla de la presencia ocasional de revisores para certificar el correcto desarrollo del proceso, pero tras cinco días de estancia en la ciudad puedo asegurar que podría haber viajado sin pagar un euro: nadie me pidió jamás un billete de metro.
Pensemos ahora en nuestras ciudades, en donde no satisfechos con ser conducidos, al modo de aves de corral, a través de artefactos metálicos solo accionables tras la correspondiente introducción del adecuado billete de transporte, aún forzamos nuestra suerte con frecuencia intentando compartir plaza en el torniquete con el esforzado ciudadano que sí ha pagado su ticket. La picaresca española no es un mecanismo de supervivencia: es la causa de nuestra cosificación. Inconscientemente delegamos en el Gran Hermano urbano nuestra capacidad para autogobernarnos, ostentando en todo momento nuestro aún prepúber estado de evolución ciudadana.
Las gentes del mediterráneo podemos enorgullecernos de la importancia que concedemos a la familia, a las relaciones sociales, al humor o a la vida en la calle, frente al individualismo y a la seriedad norteñas, pero viajando por Inglaterra o Alemania experimento un triste sentimiento de envidia ante la privilegiada situación de países donde la responsabilidad ciudadana en el sostenimiento del patrimonio cultural o de las infraestructuras más básicas deja en un segundo plano todo elemento coercitivo, sin mencionar una despreocupación y respeto por las indumentarias ajenas, escapando a todo cliché, que aún dejan muy lejos de Italia, España o Portugal el rechazo a la censura social por cuestiones meramente estéticas.
De regreso en Madrid, vuelta a la realidad: haciendo cola en Barajas, soy el único de un grupo de viajeros al que un sesudo guardia de seguridad cachea sin explicación alguna. Comprensiblemente, mi barba de varios días, mis pantalones militares y mi camisa de cuello Mao demostraban sin duda alguna mi condición de mulero, si bien el exhaustivo examen no permitió hallar los dos kilos de "jaco" que imagino que el agente confiaba en encontrar.
¡Larga vida a Tacheles!

¡El software no es moralmente neutro!


Confío en que no tengáis problemas con el esperanto:


LIBERA SOFTVARO
La moderna "komunismo"

José Tellez

Publikigita en la revuo "RG", numero 30-a, decembro-januaro 2007, kaj en la ttt-ejo Revolta Global.


Antaŭ kelkaj monatoj, Bill Gates, prezidanto de Microsoft (multnacia firmao fabrikanta informadikan softvaron) kaj la plej riĉa homo en la planedo, asertis ke "la defendantoj de la libera softvaro estas la modernaj komunistoj". Tiu frazo kaŭzis grandan debaton en la komunumo "copyleft". Kio estas la libera softvaro ? Ĉu vere ĝi estas strategio por detrui la kapitalon ?

Ofte oni aŭskultas pri la koncepto de "cifereca breĉo". Kiam oni parolas, oni konsideras ke ekzistas "cibersocio de la informado". "Sociiĝi" estas "scipovi esti en la socio" ; pro tio estas necese scii legi, skribi, havi informon, ktp. "Cibersociiĝi" estas la samo, sed en la socio de la informado, tio estas, Interreto kaj la novaj teknologioj.

Tiu nova maniero sociiĝi estas konsiderata kutime kiel baza rajto de iu ajn civitano, ĉefe se ĝi apartenas al la laborista klaso. Por iu ajn labor-posteno, ne gravas kiel meti-arta ĝi povas ŝajni, oni postulas bazajn konojn pri softvaro (ĉefe Vindozo, Office, ktp.).

Por sociiĝi en tiu nova socio, oni bezonas bazajn rimedojn. Por retumi oni bezonas komputilon (hardvaro) kaj ke tiu komputilo kapablu fari aferojn, tio estas, ke ĝi havu programojn (softvaro aŭ programaro). Tiuj rimedoj ne estas tiom facile alireblaj kaj ne ĉiuj havas aliron al ili pro malsamaj kaŭzoj. Ankaŭ en cibersocio ekzistas socialaj malegalecoj, kaj ni devas serĉi la radikojn por ilin kontraŭbatali. Unu el tiuj kialoj (ne la sola) estas la privatiiga uzo de la softvaro.
Privata softvaro : teknologia subpremado.

Meze de la sepdekaj jaroj, la komputiloj estis iloj por procesori datumojn. La programoj estis utiligitaj kaj interŝanĝitaj inter programistoj libere. Tiu estis la komenco de la komunumo "hacker". Iom post iom, la entreprenoj ekvidis la softvaron kiel varon kaj malpermesis ĝian kopiadon kaj modifadon. Tio detruis la komunumon "hacker".

Kiel ili povas malpermesi la modifadon de la softvaro ? Kaŝante la fonto-kodon de ĉiu programo. Por klarigi kio estas la "fonto-kodo" oni kutimas utiligi la ekzemplon de la receptoj. La fonto-kodo estus la "recepto" de plado, la skeleto de la programo.

Se oni iras vespermanĝi al la hejmo de amiko, kaj la deserton oni ŝatas multe... rapide oni pensas peti al tiu amiko la recepton. Oni antaŭkonsideras ke la amiko havigos ĝin. Nu, kiam oni komencas komerciigi la softvaron, tio kion oni faras estas nei la recepton. Tio estas, kvazaŭ nia amiko dirus ke se ni volas manĝi la deserton ĝi estas la sola homo kiu povas ĝin pretigi kaj kiu povas ĝin doni.

La naskiĝo de la privata softvaro kaŭzis ke la firmaoj produktantaj softvaron (kiel Microsoft) ekriĉiĝis senmezure. La troa prezo de la programoj en la merkato kaŭzis ankaŭ la naskiĝon de la piratado.

Dum multaj jaroj Microsoft ŝajnigis ne vidi la piratadon. Tiel ĝi kaptis novajn klientojn por "sklavigi" ilin poste. Tiu estas la kaŭzo de la nuna ofensivo kontraŭ la piratado kaj kontraŭ la libera softvaro je internacia skalo. Ili volas ligi la plimulton el la loĝantaro por ke ĝi aĉetu iliajn produktojn. Temas pri la komenco de la teknologia subpremado. La ofensivo de tiu formo de subpremado prezentiĝas sub la formo de la softvaraj patentoj. Ĝis nun ili nur ekzistis en Usono, sed de jaroj ili aprobiĝas ankaŭ en la malsamaj landoj de EU. Kio diferencigas la patentojn de la kopirajtoj ? La kopirajtoj protektas la programojn, sed ne la ideon enhavatan en la programo. Sed la "industria proprieto" (patentoj) agnoskas la rajton ekspluatadi ekskluzive la patentitan elpensitaĵon, malebligante al aliaj ĝian fabrikadon aŭ la esploron per ĝi. Kiam oni instalis tiun sistemon ĝi estis ligita al mekanikaj elpensitaĵoj, sed aplikita al matematikaj logaritmoj (softvaro), tio estas, al konkretaj ideoj, ĝi estas ago de absoluta tiranio.

Utiligante la saman ekzemplon : se onies amiko havus la kopirajton de la recepto neniu malebligus ke oni faru deserton per malsama recepto. Sed per la patento onia amiko kontrolus la deserton kiel ideon, ne gravas kiel ni ĝin farus. Tiu estas la baza ideo de la privatiga softvaro.
La transira alternativo : libera softvaro.

En 1984, la usona Richard Stallman fondis programistan komunumon kreantan novan operaciadan sistemon laŭ la skemo de la malnovaj "hackers" kiuj kundividis programojn. Li lanĉis la ideon per retlisto kaj iom post iom sufiĉe granda nombro da programistoj aliĝis al la projekto. Tiel aperis en 1990 la sistemo GNU/Linukso, la patrino de la libera softvaro. Stallman kaj lia fondaĵo FSF (Free Software Fondation) ankaŭ difinis kiel liberan softvaron tiun plenumantan tiujn kvar liberecojn por la uzuloj :

- uzi la programon kun iu ajn celo ; Richard Stallman
- aliro al la fonto-kodo por adapti ĝin ;
- povi distribui kopiojn ;
- povi plibonigi ĝin kaj igi publikaj la plibonigojn.

Kun la paso de la jaroj, la komunumo "hacker" estas pliboniginta la sistemon GNU/Linukso kaj hodiaŭ ĝi estas tiom facile utiligebla ke iu ajn uzulo sen multaj konoj povas lerni utiligi ĝin tiom facile kiom Vindozo. Krome, post Linukso estis kreitaj multaj aliaj liberaj programoj tre allogaj : OpenOffice por tekstaj dokumentoj ; Gimp por fotografia manipulado ; Firefox por retumi ; Thunderbird por la retpoŝto...

Tiuj programoj estas havantaj grandajn sukcesojn inter la ĝenerala publiko. Firefox havas jam preskaŭ la saman nombron da uzuloj kiel ĝia konkurencanto de Microsoft, Internet Explorer. Alia avantaĝo estas ke, pro tio ke la libera softvaro ne ludas laŭ la merkataj reguloj kaj havas la kodon malfermata, ekzistas tradukoj al lingvoj kiuj ne estas profitodonaj komerce (kiel la kataluna aŭ esperanto).
Libera softvaro : moderna komunismo ?

La komparo de Bill Gates de la libera softvaro kun la "moderna" komunismo kaŭzis intensan debaton en la komunumo "hacker". Kelkaj ne ŝatas ĝin, dum aliaj fieras vidante en la libera softvaro veran ŝanĝo-motoron de la ekonomia sistemo.

Reale la interna funkciado de la komunumo "hacker" estas tiu de estonta socialista socio : la laboristoj laboras por la komunumo, ili estas proprietuloj de la produkto-rimedoj kaj anstataŭigis la logikon "ĉiu laŭ sia kapablo" per "ĉiu laŭ sia bezono".

Kaj la fina produkto estas vere efika kaj utila. Krom la registaroj de Brazilo aŭ Venezuelo, eĉ NASA aŭ Microsoft mem utiligas tiun softvaron.

Do, kiel ĝi povas esti alternativo al la kapitalo se ĝi estas uzata de la kapitalo ? Ĉar utiligi la liberan softvaron estas redukti kostojn. Pro tio multaj firmaoj vidas en la libera softvaro novan negocon. Oni povas utiligi multajn programojn kaj poste, patenti ilin laŭ la novaj leĝoj aprobataj en Eŭropo.

La produktad-sistemo de la libera softvaro estus ideala en ekonomio nekapitalista, sed ĝi neniam estos la definitiva solvo de la socialaj maljustaĵoj en la nuna sistemo. Ni ree renkontas la klasikulojn : Lenin, en interesa pripenso tiusenca, diris "La preseja libereco estas ĉefa slogano de la "pura demokratio". Tiu libereco estos mensogo dum la plej bonaj presejoj kaj la grandaj rezervoj de papero estas en la manoj de la kapitalistoj kaj dum ekzistas la povo de la kapitalo sur la gazetaro".

martes, 3 de agosto de 2010

Internet es moralmente neutro, pero...


Confío en que no tengáis problemas con el inglés:


Facebook is not your friend


If you care about your privacy and that of your real friends, unfriend Facebook now. We are its product, not its customers


There is a wonderful graphic on the New York Times site showing how Facebook's privacy statement has got larger and larger to cover the growing holes in its privacy policy. The mapping isn't perfect: if it were, the declaration of Facebook's dedication to privacy would have to be of almost infinite size, since the default amount of privacy Facebook now offers is practically zero. When the site first started, very few people could join, and nothing became public, even to them, without the users' express permission. Now everyone can join and everything is public to almost all of them unless you make a determined effort to hide it. This effort has to be renewed every six months or so when Facebook revises its privacy policy to make it more opaque and less effective. There is a wonderfully graphic animation of the process at this site.

If you decide it isn't worth it, Facebook turns out to be very difficult to leave. It is very easy to "deactivate" your account, but it's also almost meaningless. Nothing is deleted by deactivation. If you return a year later, your account is still there, with the same password, the same friends and all the same data.

It is difficult to overestimate how much a Facebook user tells the company about his or her life. I've just had a friend (in real life) look me and my children up on the system. She's not a friend of either on Facebook, and both are reasonably cautious about privacy. Nonetheless, it was immediately obvious what their interests were, and each had most of their social networks listed. Ten years ago, when the British government proposed to make traffic data available to a wide variety of agencies under the Regulation of Investigative Powers Act, there was an outcry from civil libertarians. Their point was that you hardly need to know what people are saying to each other if you know who they are talking to. And now Facebook knows and makes this information freely available to almost anyone.

This may seem like a bad way to treat customers, but the whole point about Facebook is that users aren't customers. Anyone who supposes that Facebook's users are its customer has got the business model precisely backwards. Users pay nothing, because we aren't customers, but product. The customers are the advertisers to whom Facebook sells the information users hand over, knowingly or not.

Google, which collects less information about its users, is far more scrupulous about the uses to which it is put. Google also makes it much easier to remove your traces from the system. There is no equivalent on Facebook to Google's dashboard page, which shows you all the information you have made public across Google's sites; nor is it as easy to get back from Facebook information you have once put in. This isn't to diminish the extraordinary record of how we think that Google collects by simply tracking our queries, but Facebook collects more. That's what it's designed to do. The games and apps available there are an important part of this process. Almost all of these are simply devices to harvest information about players and use what they have found to sell themselves to everyone else on their contact list.

How can all or any of this be stopped? Facebook won't change. Its entire business model depends on selling privacy to advertisers. If public revulsion forces a halt, or a retreat it will start again in six months' time. This shouldn't really be surprising.

What is to be done? The kind of computing infrastructure needed to run a global service like Facebook isn't cheap, and somebody has to pay for it. Perhaps a service more ethical about privacy than Facebook is being hatched in a garage somewhere right now. It's certainly possible, as the example of Google shows.

But the fundamental problem remains. Ever since money was invented, the people who have made money out of aimless chat have been the landlords, whether they were selling beer, coffee or a space on the web. You may think that your Facebook friends care what you're up to, but they'd drop you like a stone if it cost them money to learn you had just become imaginary mayor of an imaginary town, or even that you had just had a row with your mother and slammed the phone down. The only people to whom that information is worth even a fraction of a penny are those who want to take advantage of it to sell you something you don't need – except, that is for your real friends, but imaginary ones are so much more reassuring.

Andrew Brown

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/andrewbrown/2010/may/14/facebook-not-your-friend

Al respecto, un libro de interés:

http://ippolita.net/files/El_lado_oscuro_de_Google.pdf

viernes, 19 de marzo de 2010

"Alterprotestas": hacia una subversión del conflicto social


El ámbito ciudadano de la reivindicación ha transcurrido tradicionalmente amparado en dos herramientas de presión fundamentales: la contrainformación y el boicot. En cuanto a la primera, se trata de un compartimento con múltiples estancias, aunque todas ellas con un denominador común: el desarrollo verbal de discursos que, en mayor o menor medida, rompen, o desestabilizan, de algún modo, el mensaje imperante en un determinado statu quo. Dentro de la contrainformación solía encontrarse tanto la propaganda (con una mayor carga del componente proselitista) como la instrucción (con un mayor componente informativo). En cuanto a la segunda de las herramientas, el boicot, su cauce de exteriorización ya no es la palabra, sino la acción, y de nuevo encontramos diversas posibilidades para su concreción: la huelga, el sabotaje, etc. Lo más frecuente, sin embargo, es que una —la palabra— y otra —la acción— se simultaneasen y superpusiesen, para optimizar los mecanismos de presión ante una determinada reivindicación.

Algunos teóricos de la educación han apuntado la problemática inherente a este sistema de presión, o modificación: su naturaleza a-revolucionaria. En efecto, cuando algunas pedagogías más o menos libertarias defendían la idea de la desescolarización, esto es, de la supresión del esquema convencional "alumno-profesor-currículo estandarizado", lo hacían, en gran medida, criticando que el problema del sistema educativo no era de mayor o menor envergadura, sino consustancial al mismo, esto es, que la escuela ofrecía un currículo oculto, a partir de líneas ideológicas amparadas en la productividad, la rentabilidad y la competitividad. Solo así se podía entender el papel protagónico que durante el proceso de aprendizaje desempeñaba la obtención de un determinado certificado, fin y medio en sí mismo, dentro de la futura actividad laboral del alumno, cifrada desde una perspectiva exclusivamente funcional: el niño iba a la escuela a obtener un título que, de uno u otro modo, le serviría para algo en la vida. Al margen de que los docentes se esforzasen por desarrollar clases en las que primasen actitudes críticas, reflexivas o inconformistas, no se podía escapar a lo que su dinámica entrañaba en sí misma, esto es, una reafirmación del sistema establecido, fuese este de la índole que fuese. Frente a ello, los defensores de la desescolarización no perseguían (salvo en los casos de las posturas más radicales) fomentar el analfabetismo, sino validar un sistema de aprendizaje más autónomo y, sobre todo, que constituyese un fin en sí mismo, por su capacidad para generar aptitudes y conocimientos en el alumno que, al no expedir un certificado final, solo podía preocuparse por su formación. La cuestión crucial de la filosofía de la desescolarización no es que ofrezca un sistema educativo alternativo, sino que niegue su propia existencia. El valor revolucionario de la pedagogía libertaria no está en su valor corrector, sino heurístico, es decir, en su capacidad para inventar una nueva realidad, negando existencia a la otra.

Algo muy parecido ha sucedido con el llamado movimiento esperantista. Tras su auge en el primer tercio del siglo XX, cierto declive al que ha asistido en las décadas siguientes no ha logrado, sin embargo, dinamitar su robustez. Basta andar un poco por internet para encontrarse todo tipo de asociaciones esperantistas, un listado nutridísimo de obras literarias y científicas escritas, o traducidas, de acuerdo con la gramática de la más internacional de las lenguas artificiales o, por qué no, un abultado cruce de correos electrónicos y mensajes instantáneos, a través de chats (doy buena fe de ello), escritos en la lengua de Lázaro Zamenhof. ¿Pasatiempo para excéntricos o saber de eruditos? Sin duda, ninguna de las dos cosas. La supervivencia del esperanto se ha logrado a base, no de criticar o cuestionar otras fórmulas lingüísticas enraizadas en las distintas zonas geográficas, sino de construir su propio universo que, como los demás, resulta perfectamente legítimo. El esperantista de verdad no pasa el tiempo estudiando el ascenso o declive de las demás lenguas. Simplemente, usa el esperanto, lee libros en esperanto o escucha música en esperanto. La cultura esperantista no pretende modificar el universo lingüístico. Simplemente, se ha desarrollado de forma paralela, o a espaldas de esta.

Vivimos tiempos de gran angustia socioeconómica. La partida de dados del juego bursátil e inmobiliario nos está saliendo más cara a unos que a otros. Las manifestaciones se suceden. Los EREs se simultanean. En los muros, las pintadas se superponen: "la crisis capitalista, que la paguen los ricos", "bancos, ladrones" (omito rimas fáciles), etc. En mi opinión, y esto es solo una mera especulación teórica, a buena parte de los críticos de la situación laboral y financiera actual les falta ambición metodológica. Indudablemente, las reuniones del G-8, G-20, OCDE, FMI, etc., son solo lavativas para desatascar un engranaje que hace décadas que apesta. De ahí no va a salir la solución. El perfeccionamiento del sistema neoliberal solo tiene un valor lubricante para la élite empresarial. Es obvio que Obama no va a cortar, lo quiera o no, las alas, y los réditos, de los jerarcas de los lobbies norteamericanos que llevan décadas retroalimentando a la sociedad con el círculo vicioso "comunicación/control-producción-dinero-consumo". La decepción, en cualquier caso, viene con los agentes sociales (intelectuales, partidos políticos, sindicatos) que buscan recauchutar el sistema a base de medidas amparadas en la vieja dialéctica de clases que solo busca, en última instancia, el revanchismo y el cambio de rostro en el organigrama oligárquico. Aquí tampoco parece estar la solución cuando, tal y como plantean los pedagogos de la desescolarización, seguimos sin negar la mayor: o jugamos todos o se rompe la baraja.

¿Qué es, en suma, la alterprotesta? Un mecanismo de negación de la realidad, que trabaja implícitamente en su destrucción. La defensa de la cultura libre, por ejemplo, no puede partir, en realidad, de la lucha por la libre descarga de contenidos en internet, sino por el consumo y la difusión de productos (libros, música, etc.) exclusivamente comercializados con licencias libres, y no con el claustrofóbico copyright. De igual modo, las reformas laborales de hondo calado no van a salir del encadenamiento a las puertas o de las huelgas. Sin rompo el cristal de una empresa que me ha echado, solo he roto un cristal. Si me readmiten o me suben el sueldo, solo he logrado eso. Pero si dejo de comprar sus productos, de pasar por delante de su puerta o de mencionarles en mis conversaciones, habré logrado dos cosas: les habré hecho desaparecer de mi universo vital de referencia, con todo lo que ello conlleva (consumo, publicidad, etc.), y habré contribuido, por un mecanismo indirecto de compensación, al fomento o desarrollo de otros ámbitos económicos, puesto que tendré que seguir alimentándome, por algún sitio habré que pasear de vez en cuando y de algo debería hablar en mis conversaciones...

Se me tachará de utópico y de magnificar las consecuencias de un mecanismo que conlleva más elementos de negación que de reafirmación. En cualquier caso, hemos de mostrar nuestras cartas y descubrir a lo que estamos jugando: si al "tuya-mía" o a la consolidación de los mecanismos de la desobediencia civil, que al final parecen ser los únicos que verdaderamente ofrecen propuesta alternativas a una determinada realidad, en la medida en que no juegan al parche fácil del consuelo y la solución estrictamente personales. La crítica no sirve de nada si no está amparada en la construcción, o elucubración, de realidades alternativas, y en las cualidades de un procedimiento que reacciona ante una determinada circunstancia opresiva e injusta, simplemente, negándole la existencia.

viernes, 29 de enero de 2010

No será televisada...


Salinger ha muerto. La celebérrima novela El guardián entre el centeno se ha quedado huérfana. El culto hacia la novela coexistía pacíficamente con el oscurantismo que envolvía a la vida de su creador, del que apenas existían fotos, celosamente oculto y saliendo solo a la luz para denunciar intromisiones en su vida privada o la apropiación indebida de unos derechos de autor qe supuestamente legitimaban cualquier intento de desarrollar secuelas (tal y como sucedió cuando se intentó escribir una segunda parte del mentado relato). No en vano, la figura de Salinger se prestaba a todo tipo de elucubraciones calenturientas: ¿habría muerto? ¿estaría reencarnado en Thomas Pynchon? En cualquier caso, su obra más recordada sobreviviría perfectamente, al margen de las vicisitudes vitales de su creador. Quienes hemos leído El guardián hemos experimentado, en algunos casos, el regusto amargo de quien saborea un té ya oxidado: demasiado tarde. En efecto, pienso que hay un arco cronológico vital para una perfecta empatía con las pulsiones emocionales del protagonista, y que probablemente ronde los 14-18 años. En cualquier caso, la obra simboliza, como tantas otras hicieron más tarde, el despertar a la vida en la selva urbana, la ruptura de una inocencia condenada a alojarse, como apuntó Foucault, en cárceles y manicomios. Pero El guardián es mucho más que eso: es un grito de rebeldía desesperado, es la mirada en el espejo de la sociedad del niño que aún solo sabe decir verdades, es un certero precedente de ese Basketball diaries que hizo de Jim Carroll un mártir de la lírica alienada y urbana.
Descanse en paz. La muerte de Salinger, como su vida, no será televisada. Todos sabemos (gracias a Gil Scott-Heron) que la revolución no será televisada:

http://www.dailymotion.com/video/x28ijn_the-revolution-will-not-be-televise_music

La revolución no será televisada

No te podrás quedar en casa, brother
No podrás enchufar, encender y desenchufar
No podrás perderte en la heroína y evadirte
o ir por una cerveza durante los comerciales
Porque la revolución no será televisada

La revolución no será televisada
La revolución no te será llevada por Xerox
en cuatro partes, sin las interrupciones de los comerciales
La revolución no te mostrará fotos de Nixon
soplando una corneta y dirigiendo una acusación contra
John Mitchell, General Abrams y Spiro Agnew con tal de comerse
unas morcillas confiscadas en un santuario de Harlem
La revolución no será televisada

La revolución no te será llevada por el
Schaefer Award Theatre y ni por las estrallas Natalie
Woods y Steve McQueen o Bullwinkle y Julia.
La revolución no le dará sex appeal a tu boca
La revolución no te quitará las agujetas
La revolución no te hará lucir cinco libras más delgado
porque la revolución no será televisada, brother

No habrá fotos de Willie Mays y tú
Empujando aquel carrito de compras cuesta abajo en una carrera desesperada
O tratando de deslizar aquel televisor a colores dentro de una ambulancia robada
La NBC no podrá predecir al ganador a las 8:32
O reportar desde 29 distritos
La revolución no será televisada

No habrá fotos de policías disparándole
a sus hermanos en The instant reply
No habrá fotos de Whitney Young siendo
sacado de Harlem en un vagón con un nuevo procedimiento de etiqueta
No habrá cámara lenta o instantáneas de Roy Wilkens
Patinando a través de Watts en un liberador mono deportivo rojo, negro y verde
que él había guardado justo
Para la ocasión propicia.

Green Acres,The Hillbillies of Beverly y Hooterville Junction
No serán más tan puñeteramente relevantes, y
Las mujeres no se interesarán más por sí Dick finalmente se empató
con Jane en Search for Tomorrow porque los negros
Estarán en la calle persiguiendo un día más brillante
La revolución no será televisada.

No habrá titulares en el noticiero de las once
Ni tampoco fotos de mujeres liberales con los brazos peludos
Ni de Jackie Onassis soplándose la nariz
El tema de la canción no será escrito por Jim Web,
Francis Scott Key, ni será cantado por Glen Campbell, Tom
Jones, Johnny Cash, Englebert Humperdink, or los Rare Earth
La revolución no será televisada.

La revolución no ocurrirá justo después de una nota
sobre un tornado blanco, un relámpago blanco o un hombre blanco
No tendrás que preocuparte por una paloma
en tu habitación, un tigre en tu maletero o un gigante en tu inodoro
La revolución no se hará mejor con Coca-Cola
La revolución no luchará contra los germenes que podrían causar mal aliento
La revolución te pondrá en el asiento del conductor.

La revolución no será televisada.
No será televisada, no será televisada
La revolución no se postulará otra vez
La revolución estará viva.
.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Pentálogo de boicot a la cultura privativa


1) No-A implica por definición la existencia de A. Sabedores de ello, los Estados en abierto conflicto internacional con determinados territorios optan, llegado el caso, por negarles reconocimiento político (véase el Sáhara occidental o Palestina). En consecuencia, se negará la existencia de la cultura privativa: no existirá ni para ser criticada. Dejará de ser tema de debate, al resultar absurdo discutir en torno a entes inexistentes (salvo en los tratados de teología).
2) No se usará software privativo: se acabó Windows, Apple, etc.
3) No se codificará información de acuerdo con los patrones privativos. Se acabó mandar adjuntos .doc, .ppt, etc.
4) No se manipularán (aunque sea viable) archivos codificados de acuerdo con el software privativo. Véanse posibles contestaciones a quienes nos manden archivos de esta naturaleza en http://www.gnu.org/philosophy/no-word-attachments.es.html
5) No se comprarán materiales culturales habilitados con licencias copyright (lo cual incluye la asistencia al cine). El ocio llegará a través de los BitTorrents (mientras sea posible) y del material con licencias permisivas (copyleft, creative commons...).

viernes, 4 de diciembre de 2009

Propiedad intelectual vs. conocimiento universal: una propuesta sostenible


Mientras los gobiernos pugnan por dar versatilidad política al acceso restringido a la información de los usuarios de internet (en sintonía con intelectuales, artistas y trabajadores del ámbito de la industria cultural que reclaman el derecho a la supervivencia personal fruto de la remuneración por su actividad creativa o re-productiva) y estos apelan a la libertad del consumidor, a la solidaridad cultural y a la universalización del conocimiento humano, cabe preguntarse si existiría algún mecanismo para administrar con equidad los derechos de unos y otros, dentro de unas moderadas coordenadas de verosimilitud. Mi propuesta parte de la reflexión y del conocimiento de algunos de los aspectos implicados en este conflicto. Básicamente, el proyecto arrancaría con las siguientes pautas:
1) Los ministerios de cultura y educación se fusionarían, dando lugar a algo parecido a un "Ministerio del conocimiento".
2) Por ley, el Ministerio de conocimiento refrendaría dos derechos: el de todos los ciudadanos al acceso gratuito y universal a la cultura y el de los intelectuales, artistas y trabajadores del ámbito de la industria cultural (productoras, editoriales, discográficas) para lucrarse a partir de su trabajo, esfuerzo creativo y capacidad artística.
3) Por ley, toda obra que pretenda ser inscrita en el registro de la propiedad intelectual deberá de hacerlo bajo una licencia (actualmente las más versátiles son las creative commons) que autorice, al menos, su difusión y reproducción (en los formatos que el usuario estime oportuno) de manera indiscriminada y gratuita, permitiéndose solo restricciones en lo tocante al beneficio económico de terceros y en lo concerniente a la modificación de la obra. En todo caso, la ley garantizará los derechos del creativo para denunciar a todo aquel que modifique u omita los créditos de autoría o producción.
4) El Ministerio, en su portal de internet, habilitará una página en la que se almacenará, también por ley, toda producción artística o intelectual que se haya inscrito en el registro de la propiedad (películas, música, textos, etc.). Será de naturaleza obligatoria la incorporación de cualquier manifestación cultural (en el caso de las artes plásticas a través de fotografías) a dicha página. El ministerio habilitará un motor de búsqueda, con categorías, palabras-clave o etiquetas para localizar las obras.
5) Todo usuario podrá entrar en la citada página y descargar cualquiera de sus contenidos. Cada creación tendrá su propio contador de descargas, registrando la dirección IP desde la que se efectúa la descarga. Ningún contenido podrá ser descargado más de una vez desde la misma IP.
6) El punto 5 no será incompatible con la difusión privada, por parte del autor o de quienes ostenten su propiedad, de la obra, sea de la naturaleza que sea (discos, libros...).
7) La página del ministerio permitirá las donaciones voluntarias (especificando la obra a la que se destina) de los usuarios, mediante los cauces habituales (paypal, tarjeta de crédito, etc.).
8) El ministerios perseguirá y sancionará por la vía penal a aquellas páginas de internet que distribuyan obras con derechos de autor y obtengan algún beneficio económico de ello (publicidad, etc.).
9) Todo artista e intelectual tendrá derecho a solicitar subvenciones del estado, las cuales estarán condicionadas en gran medida por el número de descargas efectuadas (en el portal del ministerio) de las obras de dicho artista. Otra variable a tener en cuenta (aunque de menor relevancia económica), en lo tocante a las subvenciones, será la bisoñez (productiva) del creador. Esto es: a igual número de descargas, obtendrá una mayor subvención aquel que haya colgado un menor número de obras.
10) La percepción de estas subvenciones será compatible con la distribución de las obras por los cauces habituales (distribución discográfica, editorial, etc.).
11) Se suprimirán las subvenciones de creación existentes hasta ahora. Todo este dinero irá destinado a costear las nuevas subvenciones.
12) El acceso a los edificios públicos destinados a la difusión de la cultura (museos, bibliotecas) se regirán por el modelo inglés, esto es, serán de acceso y uso gratuito, pero siempre dispondrán de una urna para la donación voluntaria, así como de organizaciones adscritas que permitan la vinculación libre, por medio de la asociación (con la correspondiente cuota de admisión y de contribución anual), de todos aquellos que quieran relacionarse con dicha institución. Dichos colectivos recibirán nombres del tipo "Sociedad de amigos del museo...", y contarán con distinciones especiales, como invitaciones a eventos, etc.
13) Todo organismo público habrá de servirse exclusivamente del denominado "software libre". Toda didáctica de la informática desarrollada desde organismos públicos habrá de tener como objetivos de su enseñanza la difusión y conocimiento de dicho software.
14) El sistema educativo actuará en consonancia con la nueva legislación, de acuerdo con los parámetros que marcan los currículos actuales. Así, la nueva enseñanza en competencias marca ocho ámbitos para el desarrollo de estas, entre estas la denominada "Tratamiento de la información y competencia digital". Será responsabilidad de los docentes en colegios e institutos informar al alumnado tanto sobre la problemática de la propiedad intelectual como acerca de la necesidad de sensibilizarse para la contribución personal al desarrollo de un modelo sostenible de acceso gratuito y universal a la cultura (importancia de las donaciones, respeto de la autoría de las obras, etc.).
Pienso que no es un modelo descabellado del todo, por las siguientes implicaciones: a) todo artista y/o creador tendría la posibilidad de darse a conocer a través de la página del ministerio, y de obtener beneficios de ello si el público estima que sus obras merecen ser descargadas; b) los músicos o cineastas ya consagrados estarían al menos igual o mejor que ahora (puesto que al día de hoy no obtienen nada de las descargas de internet, salvo raras excepciones); c) las discográficas y las editoriales seguirían en la misma situación que hoy en día; d) nadie podría lucrarse sin autorización (a diferencia de lo que ocurre hoy) con el trabajo ajeno; e) todo el mundo tendría acceso gratuito y universal a la producción cultural, y f) el cambio en la política de subvenciones, respecto a la situación actual, y la promoción de las donaciones y adscripciones a sociedades de amigos de museos (o bibliotecas) permitirían la sostenibilidad económica del nuevo modelo.
Propuesto está...

Disponible también en:
http://www.glayiu.org/?accion=ver&tipo=analisis&id=1891
http://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/2547/propiedad-intelectual-conocimiento-universal-propuesta-sostenible.html